Las Semillas

En un pueblo lejano una pareja que quería prometerse en matrimonio debía reunirse con un sabio para que oficiara la boda.

- Bienaventurado sabio, le pedimos sus bendiciones para que formalice nuestro amor en matrimonio-  le dijo la pareja.

- Para poder establecer una fecha que traiga estabilidad al enlace os debéis convertir en agricultores fieles de estas semillas que os entrego hoy- les aconsejó el sabio.

- De acuerdo- dijo la pareja de novios- ¿De qué vegetal son estas semillas?

-No lo sé- respondió el sabio.

- ¿Pero entonces cómo sabremos que tenemos que hacer?- dijeron un poco enfadados.

- Si sois  agricultores fieles lo descubriréis.
La pareja se marchó frustrada a su casa. No entendían porque el sabio no podía darles una fecha para casarse y ya está. ¿Acaso el amor que se manifestaban no era suficiente?

Pusieron cada semilla en un tiesto con tierra fértil. La rociaron con agua frecuentemente para que no perdiera humedad. Al cabo de unos 4 días unas semillas empezaron a brotar y enseguida las pusieron al sol. Pero las otras no aparecían….

La pareja que realmente se quería mucho y deseaba casarse, no desistió y continuó regando pacientemente la otra semilla, mientras que la que germinó iba creciendo poco a poco.
A los 40 días la segunda semilla también germinó y enseguida la pusieron también al sol.

Observaron sus dos brotecitos y descubrieron que se trataba de una tomatera y una patatera. Así que se asesoraron e hicieron todo lo que esas dos hortalizas necesitaban.

Finalmente, al cabo del tiempo se reunieron otra vez con el sabio, muy orgullosos de ofrecerle unos magníficos tomates y unas esplendidas patatas.

- ¡Qué verduras tan ricas! – exclamo el sabio- decidme que habéis aprendido.

- A ser pacientes y respetuosos – contestaron. – I a estar implicados.

- No olvidéis esta lección ahora que os casareis y sobre todo al formar vuestra propia familia, pues vuestros hijos son como esas semillas.

- Al igual que las semillas requieren tierra para echar raíces, ellos necesitan alimento y un hogar seguro.

- Al igual que las semillas requieren agua pura cada día, ellos necesitan vuestro amor incondicional.

- Al igual que las semillas requieren sol para crecer, ellos necesitan vuestra luz para tomarla como ejemplo.

- Al igual que las semillas requieren un agricultor fiel, ellos necesitan unos padres que los vean crecer con atención y respeto.

- Seguid estos humildes consejos dejando ser a las semillas lo que son, y con el tiempo veréis vuestros hijos convertidos en personas que ofrecen sus mejores frutos al resto.

Ingrid Reichardt

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